En agosto, me fui al Camino. Recorrí 250km (Camino del Norte, por la la costa). Tardé 14 días con una pausa por medio de 4 días para asistir a la boda de dos personas muy especiales y queridas.
Y sencillamente lo considero la mejor experiencia de toda mi vida. Hay cosas que podrían disputarse ese primer puesto pero... la mayoría de todas esas cosas han implicado a otras personas de mi entorno y por contra, esta experiencia ha sido algo mío y personal, compartido con gente que no conocía de nada y que ya se han ganado un lugarcito en mi corazón. Como por ejemplo; a mi querido Albertiño, el bicigrino al revés (porque iba recorriendo el camino al contrario), también está Alfonso (a quien no conozco en persona pero cuya voz, consejos y palabras de ánimo me acompañaron todos los días). Y no puedo olvidar a Hiromi Morita, mi japonesa preferida en potencia.
(Tal vez más a adelante copie algo que escribí durante el camino)
El Camino ha supuesto muchas cosas interesantes para mi. He descubierto que dentro de mi habita la fuerza suficiente sólo debo buscar los medios para sacarla y aprovecharla. También he descubierto que la Esmeralda de hace unos años (que no se malhumoraba ni desanimaba) no ha desaparecido en la nada, sigue estando y llamarla para que vuelva no es un imposible. Descubrí la maravillosa sensación de comportarse sin vergüenza, tratando a desconocidos como si fueran amigos de toda la vida.
En definitiva creo que el Camino obro un cambio de actitud que ya estaba necesitando a gritos.


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