sábado, 29 de marzo de 2008

La prime




¡Hola!...uuummm... este es mi primer espacio público de este tipo, me siento un poco extraña y por esta razón, tratando de disminuir esta extrañeza he decididio compartir un lugar para mi sumamente especial, a praia do mar de fora en Fisterra, Galicia. Este senderito de la foto (si consigo añadirla jaja) es un senderito precioso digno de ser recorrido por lo menos una vez en la vida.

Bikiños.
A praia de Fora
“Las indicaciones eran claras y las seguí de acuerdo a como me las dieron; giré a la derecha al llegar junto al árbol grande y allí encontré el inicio de un sendero, el cual había de llevarme hasta la misma praia de Fora. A los pocos metros del comienzo las casas iban quedando atrás y me iba adentrando en un paisaje de campos de cultivo por un lado y monte por el otro. En uno de esos campos habían plantadas berzas, con sus largos tallos un tanto retorcidos y no pude por menos que detenerme para fotografiarlas, pues es una verdura muy peculiar a los ojos del foráneo. Seguí con el camino observando que mis pasos discurrían sobre unos adoquines, que de acuerdo a lo que me contó un ex-peregrino enamorado de Galicia, antaño, recubrieron las calles de Fisterra. Y allí, el viento, el lejano rumor marino y los pájaros, eran los únicos sonidos que me acompañaban... De pronto apareció ante mis ojos la aún lejana visión da praia de Fóra (esa playa que la noche anterior en la oscuridad y confundida por su fragoroso rumor creí tenerla mucho más cerca de lo que realmente estaba), se veía hermosa, era como un paisaje enmarcado en una naturaleza aún salvaje. Me fui aproximando, caminando ya sobre el paseo de tablas, bajando y acercándome más. Llamaba la atención lo calmada que parecía la mar en contraposición con el fuerte rumor de las olas. Cuando arribé a la arena comprobé que era gruesa y casi blanca, arrojaba luminosidad a mi mirada, me recordaba a la nieve... Paseé sobre ella, me aproximé a la orilla, recorrí la playa de un extremo al otro y finalmente me senté en una madera traída por las corrientes y la marea... y allí me quedé; aspirando la fragancia marina, deleitándome con la música del océano y en aquel momento descubrí que no necesitaba nada más...